
Hoy por la mañana, un café expreso sobre la mesa del porche, olor a césped recién cortado, pequeños pajarillos cantándole a la mañana, tostadas integrales, con una pequeña loncha de pavo, suficiente para un desayuno perfecto. Mientras disfruto de la compañía, del desayuno, del olor, pienso en ti. Después me predispongo a ir a mi gran mesa, a plantearme el nuevo año, organizarme, y ¿por qué no?, pensar un rato más en ti. Todos estos pensamientos sobre ti los voy coleccionando, porque quiero que este año cada vez sean menos; sigamos, horarios, horas poco ajustadas... en fin líos y más líos. Después de un largo rato en mi gran mesa, decido disfrutar un poco de la música sentándome al borde de mi pequeña ventana a seguir disfrutando del olor del césped recién cortado, escuchando a una de las mejores voces del momento, Adele. Vuelvo a pensar en ti, otros cinco segundos, los vuelvo a coleccionar. Después pienso que hoy es un buen día para sentirme princesa; recojo mi habitación, ordeno un poco mi desorden mental. Me voy a la calle a captar momentos, gestos, situaciones, nubes con formas, lo que sea, con tal que hoy me hagan sentir una princesa. Vuelvo a casa de nuevo, me miro fijamente al espejo, y me repito una y otra vez a mi misma, que no soy como las demás, que soy distinta, que nunca seremos iguales; ¿pero que mejor que no ser igual que nadie?, después me doy las gracias por no ser igual a las demás, por ser distinta, por que cualquier día como hoy, podré sentirme especial y distinta a todos, simplemente por ser yo, yo misma. Y de nuevo, otra vez, antes de cerrar definitiva mente mis ojos por hoy y fundirme en un mundo de sueños que tal vez algún día se cumplan, vuelvo a pensar en ti.