jueves, 13 de enero de 2011

Las cosas no siempre son lo que uno espera.



Tus ojos de repente arden en fuego, solo puedo mirarte y esperar que apaguen la rabia que sienten. Intento besarte para calmar tu ansía, me empujas y apartas de forma brusca, me haces daño. Mi reacción es mala, y tus ojos arden más, te da rabia que reaccione de una manera a la que no estás acostumbrado, te da rabia que no sea sumisa y me incline para pedirte perdón. No me voy a acobardar, lo siento. Voy a plantarte cara. Cansada de los gritos, mis ojos se transforman en mares, mi agua no basta calmar tu fuego y me rindo, salgo corriendo buscando una huida rápida, pero me sigues, vuelves a gritarme me estiras del brazo dejándolo rojo, y yo llorando a mares te suplico que me sueltes y dejes que me marche, me sujetas con más fuerza, ves que no dejo de llorar y preocupado me besas y me veo obligada a seguirte. En cuanto me rozas los labios tus ojos se apagan, vuelves a la calma, me secas la cara con la palma de tu mano, me miras preocupado, regresas al estado de sumisión y te disculpas, dices que me amas, pero yo no te respondo, y me miras asombrado como diciendo: ¿porque no respondes con lo mismo?, simplemente porque mis ojos ya te lo dicen todo, dicen que en el fondo el agua de mis ojos apagan el fuego de los tuyos y que cuando me miras con ojos de súplica sabes que te amo como siempre.

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