
Mojarte con el agua de la lluvia, pasar de un día triste, a no importarte nada. Recordar cuando eras niña que te encantaba ir pisando los charcos los días de lluvia, mojarte, cantar, dar vueltas y pasar a un mundo paralelo y divertido, y al llegar a casa sentir que todo es perfecto. Dejar de estar triste, para ser feliz, por unos instantes perfectos, gracias lluvia, por darnos pequeños instantes de felicidad.
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